Conectando

con el Páladar

Gente linda que Conecta sus Sentidos! Soy Ángel, y esta vez, mi viaje a la hermosa Isla de Margarita, junto a mi compañero de aventura, Laudín, nos llevó a vivir una experiencia gastronómica que se siente más a un reencuentro familiar que a una simple comida. Les hablo, por supuesto, de La Negra, la gran Yuraima Blanco, cuyo fogón es un altar que honra y reinterpreta las raíces de nuestra cocina venezolana.

La Negra: alma mirandina, corazón margariteño

Hay personas que son un mapa de sabores andante, y Yuraima, a quien todos conocemos sencillamente como La Negra, es una de ellas. Su historia es una geografía culinaria que comienza en Curiepe, estado Miranda, esa tierra de tambor y fulías, donde el ritmo ya se siente en el sazón. Pero un buen día, hace 20 años, la brújula del destino la llamó más al este, a Margarita, la isla que la adoptó y la hizo suya.

Y es aquí donde su cocina dio un giro mágico de 360∘: tomó la herencia mirandina y le añadió el color vibrante, el sabor salino y los aromas frescos de su nuevo hogar insular. La Negra es la prueba de que la cocina es creatividad, amor y puro Caribe.

Al verla, su altura imponente contrasta divinamente con la alegría contagiosa de su personalidad y esa sonrisa que te acoge. Es la antesala perfecta para lo que viene: un verdadero ritual de la mesa. Laudín, por cierto, no podía disimular su emoción, diciendo en voz baja: «Ángel, esta energía es la misma que la de una abuela en casa, ¡pero con una puesta en escena de lujo!».

 

El festín de la reinvención: desconstrucción con cariño

Cuando uno se sienta en su pintoresco e íntimo restaurante, en Pampatar, ya sabe que no está en cualquier lugar. Cada mesa está vestida con un gusto que mezcla lo artesanal y lo autóctono con la flora del lugar. La bienvenida es con una bebida refrescante que te resetea el paladar, una alquimia de fruta, especias y terruño que te dice: «Estamos listos para disfrutar.»

El lema de La Negra es consentir, y eso se siente en todo, incluso en la música. Es una cortina auditiva, una melodía suave que no compite con la conversación, sino que es la mejor cómplice para comer, compartir y, por supuesto, para la conexión profunda que buscamos en nuestro programa.
Y entonces, empieza la ceremonia. Los entrantes son una genialidad. Ella toma nuestra idiosincrasia culinaria y la desestructura con una inventiva que te hace redescubrir lo nuestro. Los mariscos, el ceviche… son protagonistas que se presentan de formas que jamás imaginaste, pero con un sabor que te recuerda a casa. Laudín quedó fascinado con la presentación de uno de los caldos, «¡Parece una obra de arte comestible!», exclamó, confirmando que ella lo sabe: la comida entra por los ojos, pero en su caso, se queda en el corazón.

La Negra no solo cocina platos; ella recrea memorias.

Su propuesta es una reivindicación audaz de nuestra cocina, utilizando ingredientes locales con una inventiva tremenda que desarma para volver a armar el sabor venezolano. Es un acto de amor que te muestra la autenticidad y el origen de los sabores margariteños, pero desde una perspectiva fresca y original. Es una explosión de registros sensoriales que te hacen sentir vivo y conectado.

Platos como la sopa, el pescado fresco y esa langosta tan elogiada… son divinos, demasiado buenos, como dicen quienes la visitan. Es comida con frescura y alta calidad que sabe a Venezuela de verdad.

Y para el cierre, sus postres. ¡Un bálsamo para el espíritu! Son el broche de oro, el dulce final que te deja con esa sensación de haber sido verdaderamente consentido.

Gracias, Negra Yuraima. Por tu alma barloventeña y tu corazón margariteño. Tu cocina nos conecta con lo más sabroso de nuestro origen.
Y a ustedes, mis queridos oyentes de Conecta tus Sentidos, ¿qué sabor venezolano les gustaría que La Negra reinterpretara? Laudín ya está pensando en el próximo destino, ¿a dónde nos sugieren ir para nuestra próxima crónica? ¡Los leemos!

Angel Silva Arenas